Podés encontrar los artículos de este blog listos para bajar en Algunasrespuestas.com

Los buenos modales con Dios

Urbanidad de la piedad

En la vida social hay unas formas, unas "reglas" de buena educación, unas maneras de tratarse, y hasta un protocolo. Una persona se muestra a sí misma, también a través de ellas.
En la religión también hay unos modos de relacionarnos con Dios, mostrarle nuestra fe, nuestra reverencia y nuestro amor. Se la podría llamar la urbanidad de la piedad.
Cuando Dios se aparece a Moisés en la zarza ardiente, lo primero que le dice es "sácate las sandalias... el lugar que pisas es santo". Nos habla del necesario respeto de lo divino, del sentido de lo sagrado. Jesús se vio obligado a poner orden en el Templo de Jerusalén, echando a los mercaderes y cambistas que deshonraban la casa de Dios.
Hay una distancia infinita entre Dios y el hombre: el amor y la confianza que proceden de la filiación divina no conllevan -sería un contrasentido- una falta de respeto o igualdad de situación delante de nuestro Creador.
Padres y colegios formamos gente joven (chicos y adolescentes). Parte de esa formación consiste en enseñarles a comportarse delante de Dios y a tratar las cosas santas.
Es por esto que debemos cuidad las posturas, gestos, etc. de manera particular: no es cuestión de reglas fijas (algunas cosas no están prescriptas por la Iglesia), pero cierta "rigidez" es necesaria al principio: porque son chicas y porque son muchas, para que les quede grabado un estilo.
"Las formas forman" si se les pone contenido -es amor, no mera formalidad- y si se entiende la razón de ser de cada una. Por eso no es exagerado. Mucho de lo que acá se dice tiene una finalidad pedagógica. Todo pretende ser expresión de respeto y amor a Dios.
Jesús resume toda la ley de Dios en un solo mandamiento: "Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu mente, con todas tus fuerzas, con toda tu alma". Amar a Dios con todo nuestro ser y nuestra vida. Obviamente incluye nuestros gestos. El amor se nota. Y si no se nota... es que es demasiado débil.
En la Iglesia hay unas normas litúrgicas que garantizan el cuidado del culto a Dios. Una especie de "protocolo" para lo sagrado: modos cómo debemos tratar a Dios y las cosas de Dios.
Ante muchos descuidos e irreverencias con la Eucaristía el Magisterio de la Iglesia se ha visto obligado a recordar e insistir repetidamente en los últimos años en estos temas.
En concreto: Enc. Ecclesia de Eucharistia
Instrucción Redemptionis Sacramentum
Instrumentum laboris del Sínodo de Obispos del 2005

También hay una serie de cuidados que no están preceptuados como leyes litúrgicas, pero que siempre han vivido los cristianos piadosos como expresión de reverencia y amor. Es parte del tesoro del patrimonio espiritual de la Iglesia.
Hemos de estar atentos para que la confianza no degenere en falta de respeto: sería ofensivo para con Dios. Nadie en sus cabales podría decir "porque te quiero tanto, no te respeto, te trato mal y te ofendo".
La dignidad, la delicadeza son necesarias, ya que como seres compuestos de alma y cuerpo, expresamos nuestros afectos, nuestra fe y todo lo espiritual a través del cuerpo..No es verdad que la espontaneidad sea de por sí buena. Depende de qué espontaneidad: la hay buena y la hay salvaje.
No es verdad que las formas reflejen falta de confianza.
El amor tiene una línea de mínima que es el respeto y la veneración. No puedo amar lo que no respeto. Tampoco lo que no venero. El mismo respeto y veneración serán camino hacia el amor, y expresiones de amor mismo.
Nos mostramos a nosotros mismos. Así como el cumplimiento de los modales y normas de buena educación muestran la "calidad humana" de una persona. La urbanidad de la piedad muestra nuestra fe, esperanza y amor. Es respeto y elegancia, aplicado a las cosas de Dios.

1. Buena educación en iglesias y capillas:

Cuidado de las iglesias
Por respeto a lo sagrado (todo lo que tiene que ver con el culto de Dios, tiene un cierto sentido
sagrado) y para que los objetos dedicados al culto luzcan bien para Dios debemos ser extremadamente delicados en el cuidado de las iglesias:

Cuidar la limpieza (papelitos en el suelo por ejemplo) y los bancos: si se apoyan los pies en los reclinatorios se arruina el tapizado, se ensucia, etc. Por supuesto no escribir, no dejar papelitos en el lugar para Misales, no pegar chicles...

Obviamente el buen comportamiento no se limita a la duración de las celebraciones litúrgicas.
Una vez que se ha entrado en la iglesia, se está en un lugar sagrado. Es para rezar. Hay que estar en silencio. Quien no quiere rezar que no entre, o al menos que respete a los que rezan con su silencio. Incluso cuando no está reservado el Santísimo Sacramento en el sagrario.

Silencio sagrado. Desgraciadamente se descuida bastante en muchas iglesias, donde la gente charla con demasiada soltura. Esto hace que por más que insistamos nunca insistiremos demasiado...
Silencio no es un mero no hablar. Expresa respeto, veneración. Es ya una forma de culto, ante Jesús presente en la Eucaristía. Es necesario para descubrir a Dios y poder escucharlo. Tiempo de recogimiento y meditación.
Tenemos que ser capaces de silencio. Muchas personas son incapaces. Nuestra riqueza interior hará que podamos entretenernos con la mirada dentro de nosotros sin aburrirnos.

No correr. Caminar despacio dentro de la iglesia.
Obvio: no comer, chicles..., jugar, muecas, bromas, molestar a otras (tirar del pelo...).
Evitar distracciones. Curiosidad de mirar quién entra o sale. Quien estornudó...

Elegancia en el vestir: cuanto más elegantes, mostramos más respeto y amor (¡hombres con bermudas...! ¡Personas en ojotas!). No es sólo cuestión de no usar prendas indecentes: hay cosas superdecentes que son demasiado deportivas: nadie se las pondría para una sesión de gala en un teatro.

No es cuestión de si se puede o no: es cuestión de amor. Quien ama trata de dar lo mejor a quien ama.

Al entrar en una iglesia
Lo primero, buscar el sagrario, para ir a saludar el Señor.
¿Cómo saber si está reservado el Santísimo? Por la lámpara votiva que debe haber encendida..

Uso de agua bendita. Es un sacramental. Hacer la señal de la cruz con la mano derecha con alguna gota de agua bendita es un gesto tradicional, que quiere pedir a Dios nos bendiga.
Su uso piadoso perdona los pecados veniales de los que estemos arrepentidos.
Siendo que el uso de agua bendita nos recuerda también nuestro bautismo (que representó nuestra incorporación a la Iglesia) se suele usar al entrar en la iglesia.

2. Gestos y posturas litúrgicas

Posturas: no hace falta estar firmes... pero tampoco apoyados en la pared, ni sentados en el piso...

Genuflexiones. Es un acto de adoración, por lo que sólo se hace delante de Dios. Sería un acto idolátrico hacerla ante la Virgen, o ante una imagen. Se hace sólo ante el Santísimo Sacramento: se reconoce que está en el Sagrario por la vela encendida indicando su presencia. El viernes santo se hace la genuflexión también ante la cruz, adorando a Cristo que en ella ese día murió por nuestra salvación.
La rodilla derecha toca el suelo, con el cuerpo erguido, mirando hacia el sagrario.

Inclinaciones de cabeza. Señal de respeto y veneración. Se hace ante el altar (que representa a Cristo) y ante imágenes.
Hay que distinguir el sentido de la genuflexión y el de la inclinación de cabeza. La genuflexión es un acto de adoración; la inclinación de cabeza, de reverencia. Sólo se adora a Dios (hacer la genuflexión ante una imagen de la Virgen sería un pecado de idolatría).
Cuando no está el Santísimo en el Sagrario se hace reverencia ante el altar. Si está el Santísimo, se hace genuflexión.
El sacerdote hace una inclinación de cabeza al nombrar el nombre de Jesús, de María y del santo que se celebra ese día.
En el Credo está previsto que los fieles se inclinen al proclamar el artículo de la Encarnación.
Se hace una inclinación, de cabeza antes de comulgar, ante la Eucaristía (cuando se comulga de pie).

Arrodillados. Actitud de adoración. Apoyados en las rodillas, derechos (obviamente sin apoyar el cuerpo en los talones). En la Misa permanecemos arrodillados desde la epíclesis hasta después de la consagración en la Plegaria Eucarística.

De pie. Actitud de respeto y atención. Derechos, sin apoyarse en los bancos ni en las paredes.
Cuando el sacerdote entra revestido para la Misa nos ponemos de pie, como señal de respeto a Cristo, a quien representa.

Sentados. Actitud receptiva, para escuchar y meditar, durante las lecturas. Durante el ofertorio –hasta el "Orad hermanos para que este sacrificio…", cuando nos ponemos de pie– y la acción de gracias.
Cuidar la forma de sentarse. Derechos, sin "acostarse" en los bancos. Sin apoyar los pies en los reclinatorios (se arruinan, los zapatos llenan de polvo los reclinatorios que después manchan las rodillas de los pantalones).
Es mejor no sentarse en el piso: no es una actitud digna para un acto de culto.
No cruzar las piernas: es un signo de distensión. No es elegante hacerlo.
En las ceremonias litúrgicas es necesario saber cuando sentarse, pararse, arrodillarse.

En la fila para comulgar. No es una cola, es una procesión hacia Jesús. Vamos preparándonos a recibir al Señor. Supone recogimiento interior (concentrados, sin la curiosidad de mirar para todos lados, darse vuelta, etc.). No llevar las manos en los bolsillos (postura poco reverente).

Lecturas. Leer con voz clara, fuerte y pausada. Sería bueno ensayarlas antes. No olvidar que se proclama la Palabra de Dios.

Elegancia en los gestos litúrgicos:

Señal de la cruz: signo del cristiano, señal de nuestra pertenencia a la Santísima Trinidad y de haber sido redimidos por Cristo en la Cruz. Trazar realmente una cruz con la mano (de otra manera no sería signo de nada). Llevándola de la frente al pecho, y del hombro izquierdo al derecho. Sin apuro, sin "atajos" (en línea recta).

Golpes en el pecho: en el acto de contrición, señal de dolor del corazón por haber ofendido a Dios.

Saludo de paz. Es un signo de nuestro amor a los demás. Se da sólo a quienes están a nuestro lado. No se sale del banco para saludar a otras personas. No perder de vista que estamos en una ceremonia litúrgica, y que sobre el altar está Cristo realmente presente en la Eucaristía. No es un saludo: es un gesto litúrgico de desearse la paz de Cristo mutuamente.

Oraciones. Recitarlas con pausa y atención. Con dignidad. Ni muy lento que aburre, ni tan rápido que imposibilita fijar la atención. Acoplándose al ritmo de los demás (al unísono), de manera que suba una sola oración al cielo.

Canciones: el canto es oración. Debería ser nuestra oración. Cantar con dignidad.

Respeto al traslado del Santísimo

Cuando se traslada el Santísimo los fieles debes mostrar su adoración cuando pasa frente a ellos.
Tener en cuenta de que es Dios realmente presente en la Eucaristía quien está delante nuestro. Sería una irreverencia quedarse como si no pasase nadie.

Ejemplo 1: van a llevar la Comunión a un enfermo a la casa. El sacerdote lleva el Santísimo.
Obviamente se trata de no darle conversaciones frívolas, ofrecerle algo para tomar, etc., ya que está llevando a la Eucaristía.

Ejemplo 2: pasa el sacerdote con el Santísimo para trasladarlo a otro sagrario. Si pasa delante nuestro revestido con ornamentos, lo normal será ponerse de rodillas o al menos quedarse de pie con respeto mirando en silencio hasta que termine de pasar.
También corresponde arrodillarse cuando se abre el sagrario para exponer el Santísimo, para llevar la Comunión a un enfermo, etc.


P. Eduardo Volpacchio
capellania@colegioelbuenayre.edu.ar
25.10.06

¿Comulgar sin confesarse?

¿Es necesario confesarse para comulgar?

Y depende... Quien va a tomar la primera Comunión debe confesarse antes de hacerlo. Quien ha cometido un pecado mortal, también debe hacerlo, para recuperar la gracia antes de comulgar. Quien está en estado de gracia no necesita hacerlo.

Premisa
“Quien come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna”. Se recibe al mismo Cristo.
Es necesario hacerlo con dignidad.

Dos condiciones
La Comunión no es un premio. No se precisa ser santo para comulgar. Es una necesidad espiritual, pero tiene unos requerimientos básicos.
Las dos primeras condiciones son de origen divino, surgen de la realidad de la Eucaristía y están consignadas en la Sagrada Escritura: 1) estado de gracia; 2) saber a quien se recibe.

Dice San Pable en I Corintios 11, 27-29:
“Quien coma el pan o beba la copa del Señor indignamente, será reo del
Cuerpo y de la Sangre del Señor. Examínese, pues, cada cual, y coma así
el pan y beba de la copa. Pues quien come y bebe sin discernir el
Cuerpo, come y bebe su propio castigo.”

Es necesario distinguir -saber a quién se recibe- y estar en estado de amistad con Dios. La Teología lo llama “estar en estado de gracia”. Se pierde por el pecado mortal, que rompe la comunión de vida con Dios. Se recupera en el sacramento de la Penitencia.

Respecto a la confesión y la Eucaristía, la Iglesia concretó explícitamente dos preceptos:
· antes de la Primera Comunión es necesario confesarse.
· si se ha cometido un pecado grave, es necesario confesarse antes de comulgar.

¿Conveniente o necesario?

Salvo los dos casos señalados no es necesario confesarse antes de comulgar. Si una persona está en gracia, aunque haga mucho tiempo que no se confiesa, puede comulgar con toda tranquilidad. No debemos añadir más condiciones que las que realmente existen. La confesión frecuente es una práctica muy recomendable para el crecimiento espiritual, tener el alma más purificada, etc. Pero esto es otra cuestión. Una cosa es la conveniencia de la confesión frecuente y otra distinta que sea necesidad para recibir la comunión si uno está en gracia (que no lo es).

Hasta aquí todo resulta bastante claro.

¿Donde surge el problema?

En que una persona en estado de pecado mortal puede recuperar la gracia de Dios incluso antes de confesarse.

¿Cómo es eso? Haciendo un acto de contrición perfecta con el propósito de confesar cuanto antes se pueda, se recupera la gracia perdida.

¿Qué es un acto de contrición perfecta?

Es un acto de arrepentimiento del pecado cometido, movido por amor de Dios. Dolor de haber ofendido a Dios, tan santo, digno de amor, grande, bueno, etc.
¿Qué es un acto de contrición imperfecta?
Es el mismo acto, realizado por motivos sobrenaturales, muy buenos todos, pero que no son el amor de Dios: miedo al infierno, fealdad del pecado, deseos de comulgar, peso de la conciencia, etc.

El dolor de la contrición imperfecta es suficiente para recibir el perdón de los pecados en la confesión. Si al dolor de la contrición perfecta se le une el propósito de confesar, se obtiene la gracia -podríamos decir- por adelantado, antes de la confesión.

Entonces, ¿puedo comulgar después de cometer un pecado mortal, antes de confesarme, si hago un acto de contrición perfecto?
- No
- ¿Y por qué no?
Los sacramentos dignamente recibidos dan la certeza de acceder a la gracia de Dios. Actúan “ex opere operato” según explica la Teología: en virtud -por eficacia- de lo actuado que no falla. Si no pongo un obstáculo a su acción, la realiza eficazmente.
En cambio cuando hago un acto de contrición perfecta, estoy en un ámbito no sacramental, en el cual dependo de -por decirlo de alguna manera- la “calidad” de mi acción. No tengo certeza de haber hecho realmente un acto de contrición perfecta. No tengo cómo medir la perfección/imperfección de mi acto de contrición.
Si comulgara así me podría exponer a recibir al Señor indignamente, y cometer así un sacrilegio. El problema no es sólo mi pecado, es problema sobretodo es el respeto que Dios merece: no puedo exponer la Eucaristía a semejante afrenta. Sin necesidad no sería lógico correr ambos riesgos.

Por esto la Iglesia, para cuidar la dignidad del Sacramento y el alma de los fieles, impuso un precepto en el Concilio de Trento: que nadie con conciencia de haber cometido un pecado mortal se acercara a comulgar, por muy contrito que se sienta, sin haberse confesado antes.
Es decir, que hay una ley de la Iglesia que lo manda.

¿Tiene excepciones?

Sí, porque los preceptos eclesiásticos no obligan cuando hay una dificultad grave.
El precepto divino no tiene excepción: no se puede comulgar en estado de pecado.
El precepto eclesiástico puede tenerla: se podría comulgar en el estado de gracia obtenido mediante un acto de contrición perfecta aún antes de confesarse, si hubiera alguna dificultad grave. En este caso, una grave necesidad de Comulgar.
Es decir, que si una persona tiene obligación de comulgar y no puede confesarse, puede hacer un acto de perfecta contrición y comulgar.
Un ejemplo: el sacerdote debe celebrar los sacramentos en estado de gracia. Si no lo estuviera cometería un sacrilegio. Además, cuando celebra Misa no puede no comulgar (la comunión del sacerdote forma parte de la ceremonia). Si, en un pueblo, el sacerdote estuviera en estado de pecado mortal, no tuviera con quien confesarse, y debiera celebrar la Misa para el pueblo, ¿qué tendría que hacer? Ese sacerdote debe hacer un acto de contrición perfecta y celebrar la Santa Misa.
Otro ejemplo: si omitir la comunión procurara un grave escándalo o infamia. Es el caso de una persona está en la cola para comulgar y de repente recuerda estar en pecado mortal (no lo sabía antes). Si no puede alejarse sin llamar gravemente la atención de los demás, puede comulgar haciendo un acto de perfecta contrición. Obviamente no es el caso de quien no quiere confesarse, sino de quien, de buena fe, se encuentra en esa situación.

Obviamente sin una necesidad real, y una dificultad grave también real, sería un grave abuso el incumplimiento de este precepto de la Iglesia, cuyo fin no es impedir a la gente la comunión, sino conseguir que lo haga dignamente, evitando todo peligro de sacrilegio. Sería absurdo exponerse a cometer un sacrilegio, para satisfacer las ganas de comulgar, o para evitar la vergüenza de dejar de hacerlo, o por la “necesidad” de recibir al Señor, etc., sin una necesidad grave de recibir la Eucaristía. De hecho, casi nunca hay obligación de comulgar (es el caso del sacerdote que celebra y algún otro caso excepcional).

¿Y si el sacerdote me deja?

A veces se escucha decir: “Pero, un sacerdote me dijo que comulgara...”.
Entonces nos preguntamos, ¿puede un sacerdote eximir del cumplimiento de esta ley? No, porque no tiene ninguna potestad sobre ella. Si te lo dijo, se equivocó, no tendría que habértelo dicho. Hay cosas para las que se tiene poder, y cosas para las que no. Si no tengo poder de hacer algo, e intento hacerlo, el intento es vano, ya que lo hecho no tendrá ninguna validez. Sería como si un diácono quisiera consagrar: por mejor voluntad que le pusiera nunca conseguiría que el pan se convierta en el Cuerpo de Cristo, porque no tiene el poder de hacerlo.
Si un sacerdote da permiso para hacer algo, en lo que no tiene potestad, el permiso es absolutamente inválido. Además un mal consejo no te excusa de pecado.
Por tanto, no pierdas el tiempo pidiendo permiso para comulgar: estar en condiciones de comulgar o no estarlo no depende del sacerdote que tengas delante.
Por otro lado, salvo el caso de personas que viven en situaciones irregulares, la solución es muy sencilla: acudir a confesarse.

¿Para qué ir a Misa si no puedo Comulgar?

Para ofrecer a Dios el sacrificio redentor de Cristo. Es cierto que la Iglesia recomienda -para una participación más plena- que aquellos que están en condiciones de hacerlo, comulguen. Pero esto no quita que se pueda participar activamente en la Misa sin comulgar. Son dos cuestiones distintas. Y la comunión siempre presupone las debidas disposiciones, sin las cuales, haría daño, mucho daño al alma de quien comulga.
Además en el caso de la misa dominical, no asistir a Misa añadiría otro pecado mortal a la persona. El cumplimiento del precepto dominical es absolutamente independiente de la Comunión: se lo cumple con la asistencia a Misa y punto.

La insistencia de la Iglesia

La Iglesia ha insistido tanto en este tema en documentos recientes que resulta realmente doloroso que haya quienes propongan una práctica contraria a esta enseñanza.

Lo que la Iglesia enseña y quiere está clarísimo para quien sepa leer y quiera obedecer.
Le pediría a quien difunda lo contrario, que tenga al menos la honestidad de decir a los fieles que no es eso lo que la Iglesia sostiene. De lo contrario estaría engañándolos en su buena fe.
Decirle a un fiel: “comulgá y después te confieso” (salvo los casos excepcionales de necesidad grave de comulgar) es descabellado, significa tanto como decirle: “cometé un sacrilegio y después te confieso”. No, mejor no cometas el sacrilegio.


P. Eduardo Volpacchio
capellania@colegioelbuenayre.edu.ar


ANEXO: Algunos textos del Magisterio reciente

Catecismo de la Iglesia Católica, n 1385:

Debemos prepararnos para este momento tan grande y santo. S. Pablo exhorta a un examen de conciencia: "Quien coma el pan o beba el cáliz del Señor indignamente, será reo del Cuerpo y de la Sangre del Señor. Examínese, pues, cada cual, y coma entonces del pan y beba del cáliz. Pues quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propio castigo" ( 1 Cor 11,27-29). Quien tiene conciencia de estar en pecado grave debe recibir el sacramento de la Reconciliación antes de acercarse a comulgar.

Instrucción Redemptionis Sacramentum
De la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, Sobre algunas cosas que se deben observar o evitar acerca de la Santísima Eucaristía (25.3.2004)

n. 81. La costumbre de la Iglesia manifiesta que es necesario que cada uno se examine a sí mismo en profundidad, para que quien sea consciente de estar en pecado grave no celebre la Misa ni comulgue el Cuerpo del Señor sin acudir antes a la confesión sacramental, a no ser que concurra un motivo grave y no haya oportunidad de confesarse; en este caso, recuerde que está obligado a hacer un acto de contrición perfecta, que incluye el propósito de confesarse cuanto antes.
n. 87. La primera Comunión de los niños debe estar siempre precedida de la confesión y absolución sacramental.

Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica (28.6.2005)

291. ¿Qué se requiere para recibir la sagrada Comunión?
Para recibir la sagrada Comunión se debe estar plenamente incorporado a la Iglesia Católica y hallarse en gracia de Dios, es decir sin conciencia de pecado mortal. Quien es consciente de haber cometido un pecado grave debe recibir el sacramento de la Reconciliación antes de acercarse a comulgar. Son también importantes el espíritu de recogimiento y de oración, la observancia del ayuno prescrito por la Iglesia y la actitud corporal (gestos, vestimenta), en señal de respeto a Cristo.

Juan Pablo II, Encíclica Ecclesiae de Eucaristía (17.4.2003)

36. La comunión invisible, aun siendo por naturaleza un crecimiento, supone la vida de gracia, por medio de la cual se nos hace «partícipes de la naturaleza divina» (2 Pe 1, 4), así como la práctica de las virtudes de la fe, de la esperanza y de la caridad. En efecto, sólo de este modo se obtiene verdadera comunión con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. No basta la fe, sino que es preciso perseverar en la gracia santificante y en la caridad, permaneciendo en el seno de la Iglesia con el «cuerpo» y con el «corazón»; es decir, hace falta, por decirlo con palabras de san Pablo, «la fe que actúa por la caridad» (Ga 5, 6).

La integridad de los vínculos invisibles es un deber moral bien preciso del cristiano que quiera participar plenamente en la Eucaristía comulgando el cuerpo y la sangre de Cristo. El mismo Apóstol llama la atención sobre este deber con la advertencia: «Examínese, pues, cada cual, y coma así el pan y beba de la copa» (1 Co 11, 28). San Juan Crisóstomo, con la fuerza de su elocuencia, exhortaba a los fieles: «También yo alzo la voz, suplico, ruego y exhorto encarecidamente a no sentarse a esta sagrada Mesa con una conciencia manchada y corrompida. Hacer esto, en efecto, nunca jamás podrá llamarse comunión, por más que toquemos mil veces el cuerpo del Señor, sino condena, tormento y mayor castigo».

Precisamente en este sentido, el Catecismo de la Iglesia Católica establece: «Quien tiene conciencia de estar en pecado grave debe recibir el sacramento de la Reconciliación antes de acercarse a comulgar». Deseo, por tanto, reiterar que está vigente, y lo estará siempre en la Iglesia, la norma con la cual el Concilio de Trento ha concretado la severa exhortación del apóstol Pablo, al afirmar que, para recibir dignamente la Eucaristía, «debe preceder la confesión de los pecados, cuando uno es consciente de pecado mortal».

37. La Eucaristía y la Penitencia son dos sacramentos estrechamente vinculados entre sí. La Eucaristía, al hacer presente el Sacrificio redentor de la Cruz, perpetuándolo sacramentalmente, significa que de ella se deriva una exigencia continua de conversión, de respuesta personal a la exhortación que san Pablo dirigía a los cristianos de Corinto: «En nombre de Cristo os suplicamos: ¡reconciliaos con Dios!» (2 Co 5, 20). Así pues, si el cristiano tiene conciencia de un pecado grave está obligado a seguir el itinerario penitencial, mediante el sacramento de la Reconciliación para acercarse a la plena participación en el Sacrificio eucarístico.

Instrumentum laboris del XI Sínodo de Obispos (Octubre, 2005)

13. (...) La pertenencia a la Iglesia es prioritaria para poder acceder a los sacramentos: no se puede acceder a la Eucaristía sin haber antes recibido el Bautismo o no se puede retornar a la Eucaristía sin haber recibido la Penitencia, que es el «bautismo laborioso» para los pecados graves. Desde los orígenes la Iglesia, para expresar tal urgencia propedéutica, instituyó respectivamente el catecumenado para la iniciación y el itinerario penitencial para la reconciliación.

22. El sacramento de la Reconciliación restablece los vínculos de comunión interrumpidos por el pecado mortal. Por lo tanto, merece una particular atención la relación entre la Eucaristía y el sacramento de la Reconciliación. Las respuestas indican la necesidad de proponer nuevamente esa relación en el contexto de la relación entre Eucaristía e Iglesia, y como condición para encontrar y adorar al Señor, que es el Santísimo, en espíritu de santidad y con corazón puro. Él ha lavado los pies a los Apóstoles, para indicar la santidad del misterio. El pecado, como afirma San Pablo, provoca una profanación análoga a la prostitución, porque nuestros cuerpos son miembros de Cristo (cf. 1 Co 6,15-17). Dice, por ejemplo, San Cesáreo de Arles: «Todas las veces que entramos en la iglesia, reordenamos nuestras almas, así como quisiéramos encontrar el templo de Dios. ¿Quieres encontrar una basílica reluciente? No manches tu alma con la inmundicia del pecado».
La relación entre Eucaristía y Penitencia en la sociedad actual depende mucho del sentido de pecado y del sentido de Dios. La distinción entre bien y mal frecuentemente se transforma en una distinción subjetiva. El hombre moderno, insistiendo unilateralmente sobre el juicio de la propia conciencia, puede llegar a trastrocar el sentido del pecado.
23. Son muchas las respuestas que se refieren a la relación entre Eucaristía y Reconciliación. En muchos países se ha perdido la conciencia de la necesidad de la conversión antes de recibir la Eucaristía. El vínculo con la Penitencia no siempre es percibido como una necesidad de estar en estado de gracia antes de recibir la Comunión, y por lo tanto se descuida la obligación de confesar los pecados mortales.
También la idea de comunión como «alimento para el viaje», ha llevado a infravalorar la necesidad del estado de gracia. Al contrario, así como el nutrimento presupone un organismo vivo y sano, así también la Eucaristía exige el estado de gracia para reforzar el compromiso bautismal: no se puede estar en estado de pecado para recibir a Aquel que es «remedio» de inmortalidad y «antídoto» para no morir.
Muchos fieles saben que no se puede recibir la comunión en pecado mortal, pero no tienen una idea clara acerca del pecado mortal. Otros no se interrogan sobre este aspecto. Se crea frecuentemente un círculo vicioso: «no comulgo porque no me confesé, no me confieso porque no cometí pecados». Las causas pueden ser diversas, pero una de las principales es la falta de una adecuada catequesis sobre este tema.

Otro fenómeno muy difundido consiste en no facilitar, con oportunos horarios, el acceso al sacramento de la Reconciliación. En ciertos países la Penitencia individual no es administrada; en el mejor de los casos se celebra dos veces al año una liturgia comunitaria, creando una fórmula intermedia entre el II y el III rito previsto por el Ritual.
Ciertamente es necesario constatar la gran desproporción entre los muchos que comulgan y los pocos que se confiesan. Es bastante frecuente que los fieles reciban la Comunión sin pensar en el estado de pecado grave en que pueden encontrarse. Por este motivo, la admisión a la Comunión de divorciados y vueltos a casar civilmente es un fenómeno no raro en diversos países. En las Misas exequiales o de matrimonios o en otras celebraciones, muchos se acercan a recibir la Eucaristía, justificándose en la difundida convicción que la Misa no es válida sin la Comunión.
24. Ante estas realidades pastorales, en cambio, muchas respuestas tienen un tono más alentador. En ellas se propone ayudar a las personas a ser conscientes de las condiciones para recibir la Comunión y de la necesidad de la Penitencia que, precedida del examen de conciencia, prepara el corazón purificándolo del pecado. Con esta finalidad se retiene oportuno que el celebrante hable con frecuencia, también en la homilía, sobre la relación entre estos dos sacramentos. »

La realidad del aborto


Acá tenemos una película corta sobre el aborto. Las discusiones comienzan después de ver qué es en realidad un aborto.

¿Qué es en realidad un aborto?

Una sociedad que acepta el aborto está muy enferma. Hoy en día el lugar más peligroso para la vida de un chico puede ser el vientre de su madre. Si consideramos las probabilidades de supervivencia desde su concepción hasta su nacimiento, con las probabilidades desde el nacimiento hasta los 70 años, nos daremos cuenta que algo realmente malo está pasando. El vientre de su madre puede ser más peligroso que el barrio mafioso más peligroso…
Muchas organizaciones internacionales luchan por reducir la mortalidad infantil –un muy buen trabajo– pero posiblemente la causa más frecuente de muerte infantil no es registrada por sus estadísticas: el aborto.
Se debate mucho sobre el aborto. Es este artículo se desarrollan ideas básicas, elementales, que apuntan a lo esencial del asunto.

¿Qué es "eso": un embarazo o un niño?
La primera y fundamental idea: Cuando vemos una mujer embarazada, nos damos cuenta de que lo que está creciendo en su vientre es un ser humano. Esto es obvio. No es simplemente un embarazo. El embarazo es un estado, el estado de una mujer que tiene un hijo. El embarazo no significa que una mujer va a tener un hijo, significa que ya lo tiene ahora.
¿Qué es esa “cosa” que hace que la mujer engorde? La ciencia nos dice:
Genéticamente, eso es un ser humano. No hay en absoluto duda sobre esto. Si alguien niega esta afirmación, debería responder la siguiente pregunta: ¿qué es entonces? ¿un conejo? ¿a lo mejor un gusano? ¿quizá una masa informe de células? Debería explicar como algo que no es humano puede transformarse en humano después de un tiempo. La genética nos dice que ese ser tiene 46 cromosomas humanos, que genéticamente pertenece a la raza humana.
Este ser humano está completo. Aunque le esté faltando desarrollo, desde la primera célula, tiene toda la información genética para crecer: todo está en la primer célula: raza, sexo, órganos, carácter, etc. El tiempo le permitirá crecer, pero genéticamente no cambiará. Desde la primera célula hasta la edad adulta la única diferencia será de edad.
Este ser humano es diferente de su madre y su padre. Si fecundás in vitro un óvulo de una mujer blanca con espermatozoides de un hombre blanco, y lo implantás en una mujer africana, ella dará a luz a un chiquito blanco, mostrando que la africana sólo le ha dado un lugar para vivir y lo ha alimentado. Por tanto, ese ser humano no es parte de la mujer que lo lleva y alimenta.
Este ser humano es único e irrepetible. Su madre puede tener otros hijos, pero nunca puede tenerlo a él de nuevo. Para él existen sólo dos posibilidades: que le den la oportunidad de crecer o que lo asesinen a pesar de su inocencia.

Pero entonces ¿qué es un aborto?
El aborto consiste en la eliminación voluntaria de un ser humano que está creciendo en el vientre de su madre. No se puede definir como "la terminación de un embarazo " porque esto no es la esencia del acto sino sólo su consecuencia. Es verdad que el embarazo se termina con un aborto, pero sólo porque alguien ha matado al bebé; no hay fin del embarazo sin destrucción del chico. Es un eufemismo hablar de fin del embarazo sin referencia al sistema para terminarlo, es decir el asesinato del bebé. Quienes buscan razones para justificar este homicidio, deberían considerar que este ser humano es inocente, no puede defenderse, ni siquiera llorando, no puede pedir ayuda, sufre…
Por tanto, cuando discutamos sobre el tema del aborto, nuestra atención debe estar centrada en el chico, porque el punto en discusión es: si permitimos a este chico vivir o no. Otras consideraciones -la situación de la madre, sus problemas, su futuro, si ama o no al chico, etc.- pueden ser muy interesantes y deben ser tenidas en cuenta, pero no se puede centrar la atención exclusivamente en ellas: sería escapar del núcleo de la cuestión. En realidad, estamos hablando de matar a un chico. Pensar en la madre olvidando su hijo es, al menos, estar fuera de foco. Cuando discutas sobre el aborto, no te confundas con argumentos que llevan la conversación fuera del hecho real en discusión: si es bueno o malo matar a un chico en el seno de su madre.
Se puede ver qué es un aborto en el video “Dura realidad” en http://www.hispanicsforlife.org/

Aborto y maternidad
Hay muchas razones por las que un embarazo puede resultar incómodo para una mujer. Pero si ella está embarazada no puede evitar ser madre, porque ya lo es… No es que ella vaya a ser madre, ella ya es madre de un bebé muy chiquito y simpático que está creciendo en su vientre. El aborto no es un viaje en el túnel de tiempo, no la va a llevar al pasado unos momentos antes de las relaciones sexuales. No va a cambiar el pasado. El aborto no evita el embarazo, solamente mata un bebé. El aborto no salva a una chica de convertirse en madre. Nunca olvides que para mujer embarazada la verdadera alternativa no es "ser madre" o "no ser madre", sino "ser madre de un chico vivo" o "ser madre de un chico muerto", porque ella ya es madre del bebé que tiene en su seno.

Diferencia entre aborto e infanticidio
Nadie duda de que el aborto sea la eliminación de un ser humano, porque nadie duda la naturaleza de lo que es eliminado por el aborto. Entonces, la aceptación del aborto implica la aceptación de que el asesinato de un ser humano en cierto estadio de su crecimiento, es una acción lícita. Por supuesto, los partidarios del aborto no defienden la eliminación de un ser humano de cualquier edad, sino sólo cuando éste está viviendo en el seno de su madre y no después. Esta distinción no parece muy coherente porque la única diferencia es estar dentro o fuera del útero. Podemos decir que lo que determina la bondad o maldad de este homicidio es el "domicilio". Parece ser el único caso en la historia en la que la dirección determina el derecho a vivir o no.
¿Cuál es la diferencia entre el aborto y el infanticidio? ¿La media hora del parto? Si una madre mata a su hijo justo después del nacimiento, cometería un asesinato e iría a parar a la cárcel. Si lo mata media hora antes, el asesinato sería lícito, hasta se hablaría de "maternidad segura", "derechos reproductivos", etc. Esta increíble diferencia de evaluación del mismo hecho -la eliminación de un bebito como ejercicio de un derecho o asesinato- en tan poco tiempo no parece ser muy coherente.
La vida humana es sagrada porque es vida humana. Esta es la razón por al que un ser humano tiene derecho a vivir. Es un derecho absoluto. Todos y cada ser humano tiene derecho a la vida independientemente de su edad, raza, religión, nacionalidad, etc. Cuando se comienzan a hacer distinciones para justificar la eliminación de un chiquito, considerando excepciones o tratando de establecer cuando la vida humana es sagrada y cuando su sacralidad desaparece, el derecho a la vida se convierte en un asunto arbitrario. Una de las cosas más peligrosas que pueden pasar en la sociedad es que alguien se atribuya el poder de decidir qué clase de persona tiene derecho a vivir y cuál no. Hoy el derecho a la vida es negado a los chicos en el vientre de su madre, mañana a aquellos que tienen deformidades o están enfermos, el día de mañana a aquellos que no tienen los ojos azules… La alternativa es clara: el ser humano tiene derecho a la vida o no lo tiene, porque ese derecho no depende de la edad, salud, dinero, energía, capacidades, raza. Es anterior a toda otra consideración, procede del simple hecho de ser humano.

El "precio" de un aborto: ¿hay algún aborto "seguro"?
No debemos olvidar que en un aborto hay dos víctimas: el bebé y su madre. Aparentemente el aborto soluciona un problema de la madre –ella no necesitará cuidar a su hijo porque ha muerto–, pero en realidad le crea un montón de problemas. Oirás hablar de abortos "inseguros" que necesitan ser hechos "seguros", y por tanto legalizados como si la ley les aportara seguridad. Los promotores del aborto identifican ilegal e inseguro por un lado; y seguro y legal, por otro. Una identificación absolutamente arbitraria. La realidad es que no existen tales abortos seguros porque hay mujeres que mueren a causa de abortos legales, y porque para el bebé siempre es inseguro toda clase de aborto sin distinción de status legal. Veamos algunas de las consecuencias más corrientes de aborto en relación a la mujer:
Consecuencias físicas del aborto. Los riesgos inmediatos son dolor intenso, perforación del útero, excesivo sangrado, infecciones, partes del bebé dejadas adentro, shock/coma, daño de otros órganos, muerte. Riesgos posteriores son la imposibilidad de quedar embarazada posteriormente, pérdidas de bebés, embarazos ectópicos, partos prematuros, enfermedad de la inflamación de la pelvis, histerectomía, cáncer de pecho, etc.
Las consecuencias psicológicas más comunes son sentimiento de culpa, deseos de conseguir un nuevo embarazo, depresión, llanto, incapacidad de perdonarse a sí misma, intensa tristeza y duelo, bronca, insensibilidad emocional, disfunción sexual, baja autoestima, pesadillas, anorexia u otros desórdenes alimentarios, abuso de alcohol o droga, deseos de suicidio, etc.
En Medicina se habla del Post Abortion Syndrome (Mujeres que sufren angustia mental y emocional después de un aborto): "El aborto tiene un doloroso después, independientemente de las creencias religiosas de la mujer, o cuán positivo ella puede haber sentido su decisión de abortar antes del aborto." (Vincent Rue, Ph.D. - Psicólogo).
La Dra. Anne Speckhard, en su estudio sobre Post Abortion Syndrome, encontró los siguientes efectos en la mujer:

EFECTOS RELACIONADOS CON EL ABORTO

- 23% tuvo alucinaciones relacionadas con el aborto
- 35% percibió visitas del chico abortado
- 54% tuvo pesadillas relacionadas con el aborto
- 69% experimentó sentimientos de "locura "
- 73% tuvo flashbacks de la experiencia del aborto
- 81% tuvo preocupaciones por el chico abortado

MÁS COMUNES PROBLEMAS DE COMPORTAMIENTO DESPUES DEL ABORTO

- 61% aumenta su consumo de alcohol
- 65% tiene pensamientos de suicidio
- 69% estuvieron sexualmente inhibidos
- 73% tuvieron flashbacks del aborto
- 77% experimentó incapacidad para comunicarse
- 81% experimentó llanto frecuente

Considerá solo la esterilidad: entre el 5 y el 10% de las mujeres que abortan quedan estériles… ¿Te das cuenta del dolor que esas madres sufren por haber matado el único chico que ellas podrían haber tenido?
En esta discusión los defensores del aborto tratan de presentar el tema como una disyuntiva: los derechos de la madre contra los derechos del chico. Y urgen a la opinión pública a apoyar los primeros. No debemos entrar en esta polémica porque la alternativa que presentan es falsa. El aborto daña a la mujer con heridas que durarán toda su vida. Para poner el tema en términos de derechos, podríamos hablar de los derechos de los aborcionistas a hacer negocios con la industria del aborto, contra el derecho del chico a la vida y los derechos de la mujer a la salud mental y física.
Podemos concluir que el aborto es "seguro" solo para el aborcionista que obtiene grandes beneficios económicos del mismo.

Las comunes excusas aducidas para justificar el aborto

1. Los promotores del aborto usan los "casos extremos" -“hard cases”- para justificar el aborto.
Se trata de tres situaciones muy duras: el caso de peligro para la vida de la madre y los casos de embarazo como consecuencia de violaciones o de incesto. ¿Sabés que porcentaje de los abortos se deben a estas razones en los Estados Unidos? Menos del 1%. Impresionante, ¿no es cierto? Moviendo la sensibilidad de la gente con los casos difíciles, abren la puerta para el aborto libre que es lo que los aborcionistas realmente quieren. En los casos de violación e incesto hay muchas razones para no abortar en defensa de la salud mental de la madre (podés encontrar abundante bibliografía en Internet sobre el tema). Y el caso de riesgo para la vida de la madre con los avances de la medicina, prácticamente no existe. Además, en los casos difíciles la respuesta es exactamente la misma que para el resto de los casos: ninguna razón puede justificar el asesinato de un chico inocente.

2. Otras veces oímos hablar de anormalidades en el bebé.
Quizás, si el chico tuviera algún defecto o fuera retrasado mental… ¿no sería un acto de piedad abortarlo? En realidad quien piensa así, está diciendo que si el chico no pasa un control de calidad, habría que eliminarlo, no merecería vivir… esto por el bien de la Humanidad, por supuesto. No ser perfecto, no quita el derecho a la vida. Habría que pensar que harías frente un chico de 10 años ciego, paralítico y sordo… ¿lo matarías? ¿Qué diferencia hay entre eso y hacerlo antes de que nazca? Estas circunstancias nos deben mover a querer más a esos chicos. De hecho, todas las asociaciones de chicos con discapacidades están en contra del aborto.

3. Otra excusa es la existencia de abortos ilegales.
El hecho de que algo malo sea hecho por la gente, no justifica su legalización, y menos todavía la legalización soluciona el problema. Este argumento podría ser aplicado al asesinato, robo, violaciones, contrabando, corrupción, etc., pero nadie lo hace. La triste experiencia de los países que han legalizado el aborto muestra que en todos ellos el número de abortos se ha incrementado como consecuencia de la ley, porque la ley tiene un valor pedagógico: dice a la sociedad qué es correcto. Además aprobar el aborto empuja a muchas mujeres en crisis hacia la solución aparentemente más fácil, algo que ellas después lamentarán toda su vida.

4. Frecuentemente se oye hablar de «embarazos no deseados».
En primer lugar tendrían que explicar por qué el hecho de que un embarazo pueda sorprender a una mujer, ésta tendría derecho a eliminar al chico y para así reponerse de la sorpresa… Hay un salto muy grande, sin relación lógica.
Por otro lado, este concepto es tan genérico que da lugar a muchos equívocos. Debemos clarificar el término porque embarazo siempre refiere a un chico (no hay embarazo sin chico) y aunque se pueda hablar de «embarazos no deseados», uno no debería hablar de «chicos no deseados», aunque los enemigos de los niños lo hacen. Puede ser verdad que un chico sea inesperado y una sorpresa para la madre, pero si uno aplica el concepto de «no querido» al chico, estamos en problemas. Casi siempre embarazos «inesperados» son seguidos por chicos «muy queridos» (¡quizá nuestra misma madre se sorprendió al descubrir que estaba embarazada con nosotros!)
Veamos tres consideraciones sobre el término.
La consecuencia natural de una relación sexual es un embarazo. ¿Qué otro fin puede tener introducir semen en la vagina de una mujer (porque es lo que dos personas hacen cuando tienen relaciones sexuales)? Una mujer debería saber que después de tener sexo con un hombre puede quedar embarazada (suponiendo que no es estéril). ¿No es ridículo hablar de «no querido» la consecuencia natural de algo que la mujer hizo «queriéndolo»? Entonces, deberíamos concluir que ese embarazo no es tan «no deseado».
Hablar de chicos «no deseados» es muy peligroso. En primer lugar porque el concepto de «no deseado» no es médico, ni biológico, sino fruto de una decisión personal. Una persona se transforma en «no deseada» sólo cuando alguien lo declara tal. Si fuera correcto eliminar el derecho a la vida de aquellas personas consideras no queridas por alguien, la vida en la sociedad se tornaría muy difícil. ¿Porqué no declarar «no deseada» a una abuela enferma? ¿A un vecino molesto que no permite dormir de noche con sus ruidos? ¿A un cliente que no paga las deudas? ¿A un conductor que me cierra en una curva? Los ejemplos se pueden suceder hasta el infinito. También podría pasar que el bebé que fue muy «querido» durante el embarazo, unos años después se vuelva «no querido» porque en el colegio no le va tan bien como sus padres esperaban y no satisface sus expectativas…
La "aparición" de un chico puede ser "inesperada", pero cuando está aquí, la única respuesta correcta es brindarle amor y la oportunidad de vivir. Incluso en el caso de una chica que no quiere conservarlo con ella, le debe, al menos, dar el amor de ofrecerle unos padres adoptivos que lo amen. El chico en su vientre no pide demasiado, solo nueve meses de cuidados. Un chico no es una enfermedad, cuando una mujer tiene una gripe porque un virus ha entrado en su organismo, se la cura matando el "intruso" con antibióticos. Pero un chico no puede ser considerado un virus «no deseado» que está atacando la madre.
Por lo tanto, quien no quiera correr el riesgo de ser declarado «no querido» y, por lo mismo, eliminado por otra persona, no debería hablar de embarazos o hijos «no deseados», mejor será hablar de chicos inesperados, y tratar de amarlos como a uno mismo.

5. Otro caso es el de una chica estudiante que queda embarazada y no quiere perjudicar su futuro académico. No es verdad que tener un hijo le impida estudiar. Deberá quizá interrumpir su estudio unos meses… y después de dar a luz puede continuar sus estudios. Ella debería haber pensado en el asunto antes de tener relaciones sexuales -entonces hubiera evitado quedar embarazada, evitando lo que lo produce- pero ahora que su hijo está viviendo en su vientre, la única decisión humana es darle amor y la posibilidad de vivir. Esperar nueve meses no es demasiado.

Tácticas pro-aborto

Los promotores del aborto no tienen ningún problema en mentir para que cambiar la ley.
No hay que olvidar que en muchos países las campañas pro-aborto han hecho uso de mentiras para conseguir el apoyo de la opinión pública. El sistema ha sido presentar estadísticas inventadas sobre el número de mujeres que morían como consecuencia de abortos "inseguros" (en su esquema sinónimo de ilegal), del número de abortos ilegales que exigirían ser legalizados (¿?) y el porcentaje de gente que apoyaría dicha legislación. En la mayoría de los casos las estadísticas fueron falsas. Para mayor datos los remito al testimonio del Dr. Nathanson (http://www.buzoncatolico.org/actualidad/abortocartadeldrbernardnathanson.html).

Confundir el vocabulario
Los pro-aborto hablan de "salud reproductiva", "derechos reproductivos, maternidad segura y otros términos similares para ocultar la cara real del aborto. Nunca hablan de niños ni de bebés, o de las consecuencias del aborto para la madre, quieren –necesitan– que la gente se olvide de la realidad de lo que es un aborto. Por eso se vuelven locos cuando los defensores de la vida muestran películas o fotos de chicos abortados, porque muestran gráficamente la realidad. Nunca apoyarán planes de adopción, darán ayuda a chicas embarazadas o tratamientos post-aborto porque su objetivo –su negocio– es que aborten cuantas más mejor.
Dicen estar a favor de la decisión (pro-chioce) para presentar con una cara simpática la promoción del aborto, porque nadie quiere ser pro-aborto. Pero, si analizás qué clase de elección promueven, te darás cuenta de que es una elección muy mala: matar a un inocente bebé.

Desviar la discusión a otros ámbitos
Por eso, te dirán que no quiera imponerles tu religión. Pero, ¿quién está hablando de religión? Este no es un tema religioso, es de derechos humanos. No se trata de discutir entre distintas religiones.
Te dirán que respetes su libertad, que si no quieres, no abortes, pero dejes abortar a los demás. Falso, no es cuestión de respeto de libertades, es cuestión de proteger la vida indefensa.

La batalla contra el aborto

Salvar chicos del aborto es una tarea que nos involucra a todos. Nadie puede mirar indiferente, o hacerse el distraído mirando para otro lado. Cuando se matan chicos uno no puede excusarse en la libertad ajena y quedarse tranquilo pensando que yo no los mato.
La batalla de la defensa de la vida humana tiene varios frentes. En general, esforzarse por crear una cultura que ame la vida. En lo operativo concreto, cara al aborto, hay cuatro tipo iniciativas básicas: apoyar las leyes que defienden la vida e impedir las que favorezcan el aborto, ayudar a mujeres embarazados que se encuentran en dificultades, colaborar con los organizaciones que se ocupan de la adopción de chicos, y enseñar a la gente a vivir la castidad, que es la solución definitiva.

Es muy útil ayudar en un movimiento pro-vida: hace que los esfuerzos sean mucho más eficaces, brindan formación, animan, aportan material para propaganda, etc., etc., etc., y, además ¡uno se lo pasa en grande! (me refiero sobre todo a los movimientos de jóvenes pro-vida).

Ayudar a mujeres embarazadas con problemas. "Lo que es bueno, es bueno; lo que es malo, es malo". Debemos aplicar esta sencilla proposición al caso del aborto. Tener relaciones sexuales sin estar casado es moralmente malo. Un bebé es siempre bueno. No podemos confundir una acción con una persona. A veces la sociedad puede ser hipócrita: cuando considera normal la vida sexual activa de los adolescentes, y se sorprende de los embarazos de los mismos. No olvidemos en la mayoría de los casos el aborto es consecuencia del miedo, la angustia o la desesperación; y que es buscado como una vía de escape. ¿Cuántas chicas matarían a sus hijos si encontraran comprensión, ayuda y cariño? Muy pocas.
Muchos abortos son consecuencia de presión de la sociedad.
Hay muchas soluciones para el resolver los problemas que el aborto pretende resolver, pero eliminar un chico inocente, nunca es parte de la solución. Los problema son cosas que les suceden a los seres humanos, pero una persona no es un problema. Eliminar un ser humano para resolver un problema personal... no soluciona nada. Sólo crea un nuevo problema: me convierto en un asesino. Busquemos soluciones para los problemas reales -ayuda económica, cuidados médicos, quizá adopción...- ¡Todos los problemas tienen solución!

La solución definitiva al problema del aborto
La principal causa del aborto es la promiscuidad sexual. Y esto no hay quien pueda negarlo. ¿Cómo evitar que se maten chicos con abortos? Enseñando a la gente a vivir la castidad. La prevención real y definitiva al aborto es la pureza: la abstinencia sexual antes del matrimonio y la fidelidad después. Si una persona no está preparada para tener un chico, no debe tener relaciones sexuales. Esto es simple y evidente. Quien no quiera enfrentarte con un embarazo, no debería hacer lo necesario para tener un chico. La abstención del uso de la sexualidad antes del matrimonio es el sistema más efectivo para evitar abortos.
Con frecuencia se oye decir que el camino para luchar contra el aborto es la anticoncepción. Nos dicen que cuantos más anticonceptivos se consuman, menos abortos serán necesarios. Esto parece lógico, pero la realidad muestra lo contrario: las estadísticas dicen que los países con más alto índice de anticoncepción, son los que tienen más abortos.

Esto es así por tres razones:
No hay anticonceptivo que sea 100% seguro. El índice de fallo varía según el tipo de anticonceptivo y la “habilidad” del usuario, pero ninguno garantiza con el 100% no tener un bebé. De manera, que la anticoncepción necesita tener el aborto, como cobertura para el fallo anticonceptivo. De hecho, el 40% de las personas que acuden a las clínicas abortistas de Marie Stopes en Gran Bretaña, culpan del embarazo a fallos anticonceptivos.
Además, muchos anticonceptivos, no conducen al aborto... porque ellos mismos son abortivos. Anticonceptivos sin efectos abortivos son los de barrera -previenen el encuentro del óvulo con los espermatozoides-; y éstos son los que tienen más alto índice de falla. Todos los anticonceptivos hormonales (diferentes tipos de pastillas o inyecciones) tienen además de efectos anticonceptivos -procurar evitar la ovulación y tratar de impedir el ascenso de los espermatozoides hacia las trompas de Falopio-, otro que "cubre" los posibles fallos de los dos anteriores: hacer imposible la implantación del minúsculo ser humano en caso de ser concebido. De forma que tienen un potencial efecto abortivo.
La mentalidad anticonceptiva y el aborto tienen la misma raíz: ver el embarazo como una enfermedad y al bebé como un enemigo que hay que combatir a cualquier precio.

Eduardo M. Volpacchio
NOTA: Podés encontrar abundante material sobre el aborto en http://www.vidahumana.org/

Cómo elegir padrinos

Al presentarse el Bautismo y la Confirmación, nos encontramos con la necesidad de elegir padrinos/madrinas. ¿A quien elegir? ¿Qué condiciones tendría que reunir el candidato/a?

Función de los padrinos
Normalmente se los suele elegir por cuestiones de amistad, simpatía, reciprocidad (alguien elegido como padrino del hijo de un amigo, se siente obligado a retribuir nombrándolo padrino de un hijo) u otros motivos sociales. Todos estos motivos son válidos, siempre y cuando la persona tenga las condiciones que le permitan cumplir su tarea de padrino. No olvidemos que esta elección no es un premio, ni una distinción, ni un honor, sino una responsabilidad, para la cual hay que ser idóneo. Obviamente los lazos afectivos son importantes y ayudan a cumplir esta misión, pero deben ir acompañados por otros requerimientos.
Para comenzar habría que ver qué función cumple un padrino/madrina, ya que si queremos que cumpla bien su función, tendrá que tener las condiciones necesarias para ser capaz de llevarla adelante.

Los dos textos del Magisterio de la Iglesia que constituyen la referencia obligada son el Catecismo de la Iglesia Católica y el Código de Derecho Canónico.

El Catecismo de la Iglesia dedica dos números:
“Para que la gracia bautismal pueda desarrollarse es importante la ayuda de los padres. Ese es también el papel del padrino o de la madrina, que deben ser creyentes sólidos, capaces y prestos a ayudar al nuevo bautizado, niño o adulto, en su camino de la vida cristiana. Su tarea es una verdadera función eclesial” (n. 1255).

“Para la Confirmación, como para el Bautismo, conviene que los candidatos busquen la ayuda espiritual de un padrino o de una madrina. Conviene que sea el mismo que para el Bautismo a fin de subrayar la unidad entre los dos sacramentos” (n. 1311).

Las condiciones exigidas por el Código de Derecho Canónico:
- "En la medida de lo posible, a quien va a recibir el bautismo se le ha de dar un padrino, cuya función es asistir en su iniciación cristiana al adulto que se bautiza, y, juntamente con los padres, presentar al niño que va a recibir el bautismo y procurar que después lleve una vida cristiana congruente con el bautismo y cumpla fielmente las obligaciones inherentes al mismo". (872)
- "Téngase un solo padrino o una sola madrina, o uno y una". (873)
- "Para que alguien sea admitido como padrino, es necesario que:
1. haya sido elegido por quien va a bautizarse o por sus padres o por quienes ocupan su lugar o, faltando éstos, por el párroco o ministro; y que tenga capacidad para esta misión e intención de desempeñarla;
2. haya cumplido dieciséis años, a no ser que el Obispo diocesano establezca otra edad, o que, por justa causa, el párroco o el ministro consideren admisible una excepción;
3. sea católico, esté confirmado, haya recibido ya el santísimo sacramento de la Eucaristía y lleve, al mismo tiempo, una vida congruente con la fe y con la misión que va a asumir;
4. no esté afectado por una pena canónica, legítimamente impuesta o declarada;
5. no sea el padre o la madre de quien se ha de bautizar” (874 § 1).

Al ocuparse de la Confirmación señala:
"En la medida de lo posible, tenga el confirmando un padrino, a quien corresponde procurar que se comporte como verdadero testigo de Cristo y cumpla fielmente las obligaciones inherentes al sacramento” (892).
En el canon 893 remite a las condiciones indicadas para los padrinos de Bautismo, añadiendo que "es conveniente que se escoja como padrino a quien asumió esa misión en el bautismo".

Vida cristiana coherente
Como vemos estos documentos, además de las condiciones específicas de edad y de recepción de los Sacramentos de la Iniciación cristiana, señalan una condición general de llevar una vida congruente con la fe.
Con esto quedan directamente excluidos como candidatos a padrinos:
- quienes viven en una situación matrimonial irregular (ya sea porque viven en concubinato o son divorciados vueltos a casar),
- quienes han incurrido en penas canónicas, o que han apostatado de la fe (adhiriendo a cultos de otras confesiones religiosas), etc.
E indirectamente quedan excluidos quienes no practican la fe. En efecto, una persona que no va a Misa los domingos, o que no se confiesa ni comulga, difícilmente pueda ser una ayuda espiritual en el camino hacia la madurez cristiana. Sería como contratar como maestro a una persona que a penas sabe leer y escribir.
Resulta obvio que no puede ponerse como ejemplo y modelo de la vida cristiana a quien no la vive con coherencia. Difícilmente pueda ayudar a recorrer el camino cristiano, quien haya decidido libremente no recorrerlo él mismo. Por eso el Catecismo señala que los padrinos deben ser "deben ser creyentes sólidos", y "capaces y prestos a ayudar al nuevo bautizado, niño o adulto, en su camino de la vida cristiana".
Cualquier cristiano practicante, coherente con su fe, puede ser padrino/madrina. No hacen falta otros requisitos especiales.

Estado de gracia
Aun que no es un requisito requerido por la Iglesia, se desprende de la función que cumple: es casi una cuestión de coherencia personal. Acudir en estado de pecado a asumir la responsabilidad de ayudar en la vida cristiana a alguien, sería algo realmente extraño: constituiría un contrasentido.

En el caso de la Confirmación se añadiría el hecho de que si el padrino careciera del estado de gracia, no estaría en condiciones de recibir la Eucaristía. Se daría así la “curiosidad” de que no podría acompañar a su ahijado en la Comunión.

La tarea de los padrinos es una verdadera función eclesial. La Iglesia les da un encargo, una tarea. Con la consiguiente responsabilidad: Dios pedirá cuenta a los padrinos de cómo han cumplido su tarea, y también los premiará especialmente por lo que hayan hecho por sus ahijados.

Cómo cumplen su función
Fundamentalmente de cuatro formas:
1. Oración. Siendo una tarea espiritual, la primera ayuda que brindan a sus ahijados es la oración. Deben rezar por ellos con frecuencia, para conseguirles la gracia necesaria para su vida cristiana.
2. Buen ejemplo
3. Orientación: enseñando, acompañando, corrigiendo, aconsejando.
4. Suplencia. En ausencia de los padres (porque no estuvieran presentes, o porque no se ocuparan) debe velar por la formación cristiana de sus ahijados, su práctica religiosa, etc.

Eduardo M. Volpacchio
capellania@colegioelbuenayre.edu.ar

Links útiles para un cristiano

¿Dónde buscar datos, artículos, explicaciones...?
Estos son los sitios de Internet que que más uso para temas relativos a la fe

1. Lo mejor, tienen de todo

Interrogantes
Arvo
Con el Papa
Buenas ideas
Ideas rápidas (guiones para charlas sobre todos los temas: sexualidad, noviazgo, alcoholismo, etc.)
Fluvium
Encuentra
Catholic.net
Church forum
Corazones
Dar fruto
(Los sitios de este primer apartado podrían figurar en casi todos los demás)

2. Apologética: respuestas a acusaciones, defensa de la fe, etc.

Apologética http://apologetica.org/
Conoze http://www.conoze.com

3. Artículos teológicos, filosóficos, doctrinales

Arguments http://homearguments.blogspot.com/
Cauce http://cauce.blogspot.com/

4. Doctrina Católica

Para Salvarte (libro del P. Loring) http://www.spiritusmedia.org/para_salvarte/edicion_56.htm
http://www.conocereisdeverdad.org/
http://www.e-cristians.net/
Algunas Respuestas http://algunasrespuestas.blogspot.com/
Visión cristiana http://visioncristiana.blogspot.com/

5. Bases de datos

Documentos y libros http://virgofidelis.com.ar/
Magisterio de Juan Pablo II http://www.juanpablomagno.org/
Servidoras (todo el Magisterio de la Iglesia) http://www.servidoras.org.ar/

6. Sexualidad, pureza, noviazgo, educación sexual

Sólo para jóvenes http://www.soloparajovenes.org/
Sexualidad sana http://www.sexualidadsana.com.pe/
Ideas Claras http://lasideasclaras.blogspot.com/
Comité Independiente Antisida http://www.sinsida.com/
Más alto http://www.masalto.com/

7. Artículos para adolescentes

Crecer para adentro http://groups.google.com.ar/group/crecerparaadentro

8. Sobre temas de familia y educación

Crecer con los hijos (colección de artículos) http://groups.google.com.ar/group/crecerconloshijos La familia http://www.lafamilia.info/
Hacer familia (Arg.) http://www.hacerfamilia.com.ar/
Hacer familia (Chile) http://www.hacerfamilia.net/
Vida de familia http://www.vidadefamilia.org/
Escuela de Familias http://www.sontushijos.org/
Padres en red http://www.padresenred.org/
Sembrar familia http://www.sembrarfamilia.org/
Proyecto Padres http://www.proyectopadres.org/
Escuela Virtual para Padres http://www.evpp.org/
Mujer Nueva http://www.mujernueva.org/

9. Temas pro-vida

Vida Humana Internacional http://www.vidahumana.org/
Enlaces pro-vida http://www.vidahumana.org/vidafam/aborto/enlaces_index.html
Aciprensa http://www.aciprensa.com/
Sobre el aborto http://www.nonato.org/
La vida antes de nacer http://www.lavida.cl/
Noticias globales http://www.puertovida.com/noticiasglobales/
Notivida http://www.notivida.com.ar/

10. Piedad – devocionarios

Oraciones y devociones http://www.oracionesydevociones.info/index.html
Hablar con Dios http://www.hablarcondios.com/

11. Noticias

Vatican Information Service http://www.vatican.va/news_services/press/vis/vis_sp.html
Zenit http://www.zenit.com/
Aciprensa http://www.aciprensa.com/

12. Varios

Guía de cine http://www.bloggermania.com/
Actualidad http://www.aceprensa.com/
Anecdonet http://www.anecdonet.com/

13. Organizaciones oficiales de la Iglesia

Santa Sede http://www.vatican.va/
Conferencia Episcopal Argentina http://www.cea.org.ar/00-home/index_cea.htm

14. Indices de sitios católicos

http://www.iglesia.org/
http://autorescatolicos.org/nuevaInicio.htm
http://www.iglesia.info/
http://www.esglesia.org/

15. Opus Dei

Sitio oficial del Opus Dei http://www.opusdei.org.ar/
San Josemaría http://www.josemariaescriva.info/
Romana http://es.romana.org/
Opus Dei, verdades, críticas y secretos http://www.pontealdia.net/datos.htm
Muchos enlaces sobre el Opus Dei http://usuarios.lycos.es/opusdei/

¿Tiene sentido la mortificación?

Para quienes se horrorizan de la mortificación cristiana

Cada año con la llegada de la Cuaresma -tiempo que los católicos dedicamos a intensificar la oración y la penitencia- se reavivan las críticas, burlas o incomprensiones, hacia las prácticas cristianas de mortificación, llegando en ocasiones al escándalo: no faltan quienes se sorprenden indignados de que todavía en el mundo secularizado y moderno haya quienes se mortifican.

Problemas de entendimiento
No deja de resultar curioso el rechazo que siente la cultura postmoderna por la mortificación ajena. En el fondo, parecería encerrar una buena dosis de hipocresía.

Si se lo mira, desde un punto de vista meramente terrenal, se trata de algo libre que además beneficia a quien lo practica. En efecto:
· supone el ejercicio de la libertad personal: nadie es obligado a hacerlo, sino que se hace de buena gana
· se realiza por motivos espirituales: de elevación y mejora personal
· no perjudica a nadie: por el contrario, muchas mortificaciones favorecen a los demás (uno se niega a sí mismo en beneficio del prójimo).
· no daña la propia salud: es más, muchas mortificaciones contribuyen a su mejora.
· se practica privadamente: no tiene por qué molestar, ya nadie hace gala de sus mortificaciones, ni las muestra, ni las hace en público, sino que intenta ser lo más discreto posible por una cuestión de humildad, siguiendo la enseñanza del Maestro: “cuando ayunéis, no os finjáis tristes como los hipócritas, que desfiguran sus rostro para que la gente vea como ayunan. En verdad os digo que ya recibieron su recompensa. Tú, en cambio, cuando ayunes perfuma tu cabeza y lava tu cara, para que los hombres no adviertan que ayunas, sino tu Padre que está en lo oculto; y tu Padre, que ve en lo oculto, te recompensará” (Mt 6,16-18).

Así mirado, en realidad debería mover a la admiración y alabanza ajena.
Por el contrario, es llamativo que en una cultura que se dice tolerante con todas la opciones personales, la mortificación produzca semejante rechazo: debería entrar entre lo buenamente tolerado.
Este escándalo es por lo menos contradictorio. Se da en un mundo que “bendice” -por ejemplo- la eutanasia, lo que podría considerarse la peor de las mortificaciones (obviamente no lo es, ya que no es un acto de generosidad, en el que uno se ofrece por los demás). Y paradójicamente se da que quien no ve con malos ojos que quien está harto de vivir (o sufre) se mate a sí mismo y que la sociedad lo ayude a hacerlo, se horroriza porque una persona decide sufrir un poco por motivos altruistas.

El sacrificio es parte de la vida de cualquier persona. Cambian las motivaciones y las prácticas concretas. De hecho, la cultura que rinde culto al cuerpo tiene también su “mortificación” secularizada:
· piercing: agujerearse el cuerpo y llevar colgando todo tipo de metales en las partes más variadas del cuerpo: lengua, ceja, cintura, pechos, etc.
· tatuajes: marcarse el cuerpo como antiguamente se hacía a los esclavos con inscripciones que duran para toda la vida
· cinturones gástricos que impiden comer más de al cuenta
· costosas cirugías estéticas para mejorar el perfil de la cara
· la competición deportiva exige a los atletas sacrificios dietéticos y de entrenamientos muy duros.
· dietas extenuantes para lucir el cuerpo exageradamente flaco que exigen a las mujeres los cánones estéticos actuales; y que no pocas veces conducen a enfermedades psiquiátricas como la anorexia o la bulimia
· horas agotadoras de gimnasio para conseguir una musculatura “dibujada” y una pancita plana.
· exposición solar por horas sufriendo un calor a veces insoportable para lucir un bronceado que teóricamente mejore la propia imagen (esto sólo lo hacen los blancos, paradójicamente las personas de otras razas intentan blanquear el color de su piel)
· encierro por horas en boliches sin luz, sin aire, llenos de humo, con música ensordecedora, en horarios que exigen horas de paciente espera...

¿No será que lo no se entiende y hasta escandaliza no sea la mortificación en sí misma, sino el motivo por el que se realiza?
En efecto, lo que no se entiende de la mortificación cristiana es el por qué: no se hace para ganar dinero, ni para adquirir fama, ni gloria, ni poder, ni para triunfar profesional o deportivamente, ni para tener un cuerpo más atractivo, ni por motivos egoístas. Todo sacrificio hecho por motivos terrenales es elogiado. Pero, si la motivación dice ser espiritual, la cosa cambia. Desconcierta... y hasta indigna.

Y a ese mismo mundo de las dietas estrictas le parece un horror el ayuno: que una persona deje voluntariamente de comer por amor a Dios le suena como un acto oscurantista, retrógrado, masoquista y superado... Y le molesta que haya gente que lo practique. De la práctica de la mortificación corporal ni hablemos.

Y los que se escandalizan por el celibato (que haya quienes no se casen por el Reino de los Cielos les parece una afrenta a la humanidad), son los mismos que no quieren casarse para no atarse a nadie (¿para qué casarse, se preguntan, si se puede gozar de una mujer/hombre sin compromisos y sin hijos, y cambiarlo/a cuando se quiera, sin más trámite?)

La sorpresa de algunos de nuestros contemporáneos ante la mortificación resulta más curiosa todavía si se tiene en cuenta que no es algo nuevo: los cristianos se han mortificado ininterrumpidamente durante los 2000 años del cristianismo. No se trata de un invento reciente de algunos cristianos, sino de una práctica dos veces milenaria de todos ellos. Sin ir más lejos, la Cuaresma (ese tiempo de preparación para la Pascua que se caracteriza por la práctica de la mortificación más intensa) procede de los primerísimos siglos: consta que ya en el siglo II los cristianos ayunaban como preparación a la fiesta de la Resurrección.

Esta incapacidad para entender la mortificación es una limitación cultural. Ya pasará, es consecuencia de las modas imperantes.
La cultura hedonista es un fracaso antropológico, que hace mucho daño al hombre. Basta ver sus frutos: depresión, soledad, odio a los bebés, disminución de matrimonios, plaga de divorcios, abortos, promiscuidad, exaltación de la pornografía y de la prostitución, sida, masacres de embriones, experimentación con seres humanos, intentos de “producción” de seres humanos para la provisión de órganos a personas enfermas...
El hedonismo hace mucho daño al hombre. Ya pasará, como todas las modas. Es una lástima la gran cantidad de gente que destruye su vida (¡la única que tiene!) encandilados por la cultura de la muerte, con un proyecto vida tan dañino para ellos mismos. Es cuestión de paciencia porque sabemos que después de una generación viene otra... y las modas pasan.

Los cristianos entendemos que quienes tienen una planteo materialista de la vida no puedan entender la mortificación y muchas otras cosas. El mismo Jesús, cuando reprendió a Pedro por intentar convencerlo de que eso de la cruz era una locura, le dijo “tus pensamientos no son de Dios, sino de los hombres” (Mt 16,23). Por ese camino no se entiende. Y San Pablo señala: “el hombre animal no puede entender las cosas que son del espíritu de Dios, son necedad para él” (1 Cor 3, 14). Sucede que quien está saturado de materialismo, piensa y juzga todas las cosas según esas solas coordenadas: según el antiguo adagio, ya citado por el mismo San Pablo: “comamos y bebamos que mañana moriremos” (1 Cor 15,32).

¿Por qué los cristianos se mortifican?
La mortificación pertenece a la esencia misma del cristianismo: no hay cristianismo sin cruz. Así consta en la Sagrada Escritura y así lo vivieron los cristianos desde el comienzo.

Es más, fue también así en el Antiguo Testamento. En efecto Dios envía a los profetas a predicar la penitencia. Baste pensar en Jonás y su predicación en Nínive: “dentro de cuarenta días Nínive será destruida” (Jonás 3,4). Y como la penitencia de sus habitantes movió la misericordia divina (Jonás 3,10).

Y los tiempos mesiánicos, se abren con San Juan Bautista, que “curiosamente” vive en el desierto, se alimenta de manera rudimentaria, viste penitentemente, etc. (Mt 3,4). Y no es casualidad, es parte del plan divino. Su predicación precisamente es “haced penitencia, pues el reino de los cielos está al llegar” (Mt 3,3).
Y el mismo Mesías comienza su vida pública, con cuarenta días de ayuno en el desierto (Mt 4,2). Invita a llevar la cruz. Anuncia la persecución a sus discípulos (Lc 21,12). Duerme a la intemperie en sus viajes (no tiene donde reclinar su cabeza: Mt 8,20). Afirma que nadie tiene amor más grande que dar la vida por sus amigos (Jn 15,13). El mismo se entrega a la muerte para salvarnos: téngase en cuenta que todos los sufrimientos soportados por Cristo en la Pasión deben considerarse voluntarios, no sólo como el ofrecimiento de algo sucedido contra la propia voluntad y que no puede evitarse: “por eso me ama el Padre, porque doy mi vida, para recobrarla de nuevo. Nadie me la quita; yo la doy voluntariamente. Tengo poder para darla y poder para recobrarla de nuevo”. Como explica a sus discípulos que era necesario que así sucediese (Lc 24,25-26): no había otro camino.

Es tan necesario que resulta incluso una condición básica para poder ser cristiano. El mismo Jesús lo subraya cuando invita a seguirlo: “Quien quiera seguirme, niéguese a sí mismo, tome su cruz y me siga” (Mt 16,24). Y los discípulos, a quienes les costó mucho aceptarlo al principio, acabaron entendiendo: poco después de Pentecostés cuando son azotados por el Sanedrín, salen felices de haber sido considerado dignos de sufrir por Cristo (Hechos 5,41) y sus cartas están llenas de referencias optimistas y hasta gozosas a la cruz. Un ejemplo entre muchos, en San Pablo: “Ahora me alegro por los padecimientos que soporto por vosotros, y completo en mi carne lo que falta a las tribulaciones de Cristo, en favor de su Cuerpo, que es la Iglesia” (Col 1,24).

Por eso los cristianos desde muy temprano adoptaron la cruz -el instrumento donde su Dios fue torturado y asesinado- como el signo cristiano por excelencia. Y no por masoquismo, sino por piedad: es la máxima manifestación del amor de Dios.
Y, aunque nadie busca serlo, los mártires son los héroes cristianos: se considera el martirio una gracia.
Y nos preparamos para la fiesta más grande (la Resurrección de Cristo) con un largo tiempo de penitencia: cuarenta días de Cuaresma, que conmemoran los cuarenta días de ayuno de Jesús en el desierto (en los que –además de la oración, sacrificio y caridad personales- se nos manda hacer dos días de ayuno). Y todos los viernes del año son días penitenciales, en los que a través de la abstinencia nos unimos a la Pasión Redentora[1].

Y Dios perdona nuestros pecados en el sacramento de la penitencia, donde la misericordia divina nos “aplica” los méritos de la Pasión y Muerte de Cristo. Y la purificación de las “secuelas” del pecado se realiza uniéndose personalmente a la cruz de Jesús a través de la penitencia en sus dos dimensiones: la principal -interior, el cambio de corazón- y su manifestación externa -la mortificación- (Catecismo de la Iglesia n. 1431).

En la doctrina cristiana la salvación eterna pasa por la cruz. Ahí nos redimió el Salvador, y por allí debemos pasar también los discípulos. Santa Rosa de Lima lo decía de un modo gráfico: “fuera de la cruz no hay otra escalera por la que subir al cielo”.

La mortificación tiene dos “versiones”. La “pasiva” consiste en la aceptación generosa y alegre de las penas, dolores y sufrimientos que nos vienen sin buscarlas. La “activa” son las que nos buscamos por propia iniciativa (sobre formas de penitencia, cfr. Catecismo de la Iglesia, nn. 1434-1439).

Una aclaración. Los cristianos no estamos locos. Nadie piense que sentimos placer en el dolor -nos duele como a cualquiera, aunque obviamente con el tiempo uno se acostumbra-. Tampoco pensamos que es un “precio” que hemos de pagar por nuestra salvación.
Nos mueve el amor. Siendo el primer mandamiento el amor a Dios (Mt 22,37-40) -y a fin de cuentas el único, ya que todos los demás se dirigen a eso- no podía ser de otra manera: nos mortificamos por amor: como expresión de amor y para hacernos capaces de amar mejor.
Y, aunque es muy necesaria, la mortificación está muy lejos de ser la principal práctica cristiana. Tiene una función de purificación interior, y, por lo mismo no es un fin en sí misma: nos purificamos para ser más gratos a Dios y disponernos a ser más dóciles a la acción del Espíritu Santo.
La mortificación sólo tiene sentido y valor en un contexto de amor a Dios. Quien se mortificara por otros motivos -por soberbia o vanidad, para sentirse puro, superior, o lo que sea- perdería todo el mérito de su acción, que quedaría vaciada de contenido.

Y la verdad es que tampoco es para tanto... No somos mártires, ni nos sentimos héroes, ni víctimas. Nos parece que es lo menos que podemos hacer por quien ha sufrido tanto por nosotros.

Los beneficios de la mortificación
Los principales beneficios de la mortificación son espirituales.
¡Hace tanto bien al alma! Purifica de los propios pecados y de sus consecuencias, “espiritualiza” aumentando la sensibilidad para la oración, da dominio sobre uno mismo, aleja las tentaciones, libera de caprichos, inmuniza contra el consumismo y la frivolidad, es escuela de generosidad. Lleva a superar defectos y a crecer en virtudes.
Y como la mejor mortificación es la que nos ayuda a mejorar nuestro carácter y a darnos a los demás, tiene muchas consecuencias en el plano humano. Nos ayuda a trabajar mejor (la puntualidad y el orden, por ejemplo, son excelentes mortificaciones). A vivir mejor la caridad y la convivencia (soportar pacientemente las bromas inoportunas, escuchar a personas pesadas, etc. son otros tantos ejemplos de mortificación). Incluso ayuda a disfrutar más las cosas buenas de la vida (la falta de negación de uno mismo lleva a que las cosas “empalaguen”), de la misma manera que cuando éramos chicos, los caramelos que nos gustaban, los disfrutábamos más cuanto menos los comíamos.

La mortificación no nos amarga la vida, ni nos empequeñece el ánimo, sino que acaba siendo fuente de alegría.

Así lo vivieron los santos y millones de cristianos “comunes” que ven en la cruz una bendición de Dios.

Para comprender el sentido de la mortificación del cristiano es muy recomendable, por ejemplo, leer los textos de la Liturgia de Cuaresma: las oraciones y lecturas de las Misas de cada uno de esos cuarenta días. Se puede encontrar allí un tesoro de doctrina.

Y si tenemos en cuenta que Dios sólo nos pide lo que necesitamos, descubriremos que paradójicamente la mortificación es clave para la consecución de la felicidad

Pbro. Dr. Eduardo María Volpacchio
15.3.06

[1] En la Argentina, la Conferencia Episcopal autoriza a reemplazar la abstinencia de carne por la abstinencia de bebidas alcohólicas, o por una obra de caridad o por una práctica de piedad.

¿Ayuno antes de comulgar?

¿Cuántos minutos tiene una hora?
El tercer requisito ¿es de verdad necesario?

Para recibir la Sagrada Eucaristía hacen falta tres condiciones: 1) estar en gracia de Dios; 2) saber a quien se va a recibir, acercándose a comulgar con devoción; 3) y guardar una hora de ayuno antes de comulgar. Nos ocuparemos de la última para analizar si es realmente importante.

Qué dice la ley de la Iglesia

El Catecismo de la Iglesia Católica señala en el número 1387 la tercer condición para comulgar dignamente: «Para prepararse convenientemente a recibir este sacramento, los fieles deben observar el ayuno prescrito por la Iglesia (cf CIC can. 919). Por la actitud corporal (gestos, vestido) se manifiesta el respeto, la solemnidad, el gozo de ese momento en que Cristo se hace nuestro huésped».

El Código de Derecho Canónico contiene la ley de la Iglesia de rito latino (hay otro Código para los de rito oriental). El canon al que remite el Catecismo dice:

«CIC 919 #1 Quien vaya a recibir la santísima Eucaristía, ha de abstenerse de tomar cualquier alimento y bebida al menos desde una hora antes de la sagrada comunión, a excepción de agua y de medicinas.
CIC 919 #3 Las personas de edad avanzada o enfermas, y asimismo quienes las cuidan, pueden recibir la santísima Eucaristía aunque hayan tomado algo en la hora inmediatamente anterior.»

No es sólo un consejo, es mucho más. Es una disposición jurídica: “deben observar el ayuno” y “ha de abstenerse de cualquier alimento” son expresiones de obligatoriedad que prescriben que no se debe comulgar sin cumplir esta condición.

¿Pasado de moda?

Algunos piensan que la necesidad de una hora de ayuno antes de comulgar “no corre más”. Dicen que “eso era antes”, como si ya no estuviera vigente en la Iglesia. Lo ven como algo de la época de nuestras abuelas…
Sólo querría recordarles que el Código de Derecho Canónico del que hablamos no es el viejo de 1917, sino el sancionado en 1983. Y el Catecismo de la Iglesia publicado en 1992. Y que están ambos vigentes en la Iglesia. El último documento que habla del ayuno eucarístico es el Instrumentum laboris del Sínodo sobre la Eucaristía (octubre de 2005). Es decir, que la actualidad del precepto está fuera de toda duda.

¿Caben excepciones?

La ley meramente eclesiástica –ley humana de la Iglesia– no obliga cuando hay una dificultad grave. En este tema, no parece fácil imaginar un caso así, fuera de la situación de enfermedad expresamente prevista en el canon citado.

Una pregunta frecuente

No es raro oir esta pregunta: “¿cuántos minutos tiene la hora de ayuno antes de comulgar?” O, “si me faltan cinco minutos, ¿puedo comulgar?”
Primero, lo obvio: en principio las horas son de 60 minutos.

Además el texto de la ley, no dice escuetamente una hora, como si pudiéramos comenzar a regatearle algunos minutos, sino “al menos una hora antes”, es decir, que apunta a que sea más de una hora. No exige que sea una hora, sino que señala un límite inferior.
No olvidemos que hasta tiempos de Pío XII el ayuno regía desde el día anterior. Por esto no había entonces Misas vespertinas. En la década del 50 del siglo pasado, dicho Papa redujo el ayuno a tres horas; y, después del Concilio Vaticano II, se pasó a una hora.

Sentido del ayuno

La Iglesia no pretende limitar la Comunión –que sean menos los fieles que comulgan– sino velar por el respeto y la veneración a tan gran sacramento porque recibimos al mismo Cristo.

En el Instrumentum laboris del XI Sínodo sobre la Eucaristía (octubre de 2005), se señala que “Ha sido expresado el deseo de restituir en todos los lugares al ayuno eucarístico aquella rigurosa atención que todavía está en uso en las iglesias orientales. En efecto, el ayuno, como dominio de sí, exige el concurso de la voluntad y lleva a purificar la mente y el corazón. San Atanasio dice: «¿Quieres saber cuáles son los efectos del ayuno?... expulsa los demonios y libra de los malos pensamientos, alegra la mente y purifica el corazón». En la liturgia cuaresmal se invita a menudo a la purificación del corazón mediante el ayuno y el silencio, como recomienda San Basilio. En alguna respuesta a los Lineamenta se pregunta acerca de la oportunidad de reconsiderar la obligación de las tres horas de ayuno eucarístico.”

¿Me voy a perder de comulgar por cinco minutos?

Sí, porque nadie te obligó a comer.
En realidad nadie te prohíbe comulgar. Sencillamente no te has preparado lo suficiente: te faltan unos minutos de preparación y por respeto a la Eucaristía, no querrás ser descortés con el Señor. Es precisamente el amor a la Eucaristía lo que te lleva a no comulgar.

Comunión y obediencia

Hoy no pocas personas incumplen este precepto de la Iglesia, escudándose en que comulgar es muy importante.
Sí que lo es, pero más importante es la obediencia.
Te cuento el caso del Rey Saúl. Dios le encarga que después de derrotar a los amalecitas, destruyera todo lo de este pueblo. Después de la victoria, Dios envía a Samuel a recriminarle no haber cumplido su mandato. La conversación, si no fuera trágica, resultaría divertida. Samuel le pregunta: ¿por qué no has cumplido lo que Dios te ordenó? Saúl comienza a responder que cumplió perfectamente... Samuel lo corta con una ironía: ¿Qué es entonces ese mugir de vacas, ese balar de ovejas, etc., que escucho? A lo que el rey intenta justificar, diciendo que reservó lo mejor del ganado para sacrificarlo en honor de Dios. Aparentemente, un loable proyecto. Respuesta de Dios a través de Samuel: “Vale más la obediencia que las víctimas”. De hecho, por esta desobediencia Dios rechazó a Saúl como rey, y eligió a David para que lo sustituya. Una desobediencia que tenía aparentemente una buena excusa, una desobediencia con una aparente buena intención: “prefiero la obediencia al sacrificio”.

Es mejor no comulgar obedeciendo a la Iglesia que comulgar desobedeciendo

Es imposible que sea grato a Dios que comulguemos desobedeciendo.
Seguro, sin lugar a la menor duda, es más grato a Dios que no comulgues si te falta el tiempo de ayuno como expresión de respeto y obediencia, que comulgar por capricho yendo en contra de la ley de la Esposa de Cristo: ¿te acordás del "todo lo que ates en la tierra será atado en el cielo"?

Conclusión: tiene más mérito delante de Dios (es decir, es más valioso) el acto de obediencia consistente en dejar de comulgar para obedecer a la Iglesia, que comulgar desobedeciendo (si es que esto tuviera algún mérito y no fuera una falta...).

¿Se puede dispensar?

Algunos fieles pretenden que el sacerdote, les autorice a Comulgar sin el debido tiempo de ayuno. Debemos decir que no corresponde, ya que el sacerdote no tiene potestad para dispensar de una ley eclesiástica: no puede hacerlo, y, si lo hiciera, el permiso sería nulo (como si yo te diera permiso para casarte siendo menor de edad: no tengo este poder; si diera el permiso, sería falso, inválido, nulo).

Motivos pastorales y prácticos

Además de los motivos jurídicos, morales y de méritos para no comulgar sin el ayuno correspondiente, también hay un motivo práctico: quien deja de comulgar por que "no le dio el tiempo", calculará mejor la próxima vez y se preparará con más delicadeza a comulgar. No le sucederá más, ya que estará más atento.
Quien comulga sin el tiempo debido, cada vez será más laxo en su cálculo… e irá estirando el tiempo… Y vivirá en el "filo de la navaja".

La Eucaristía merece respeto.

Hemos de hacer bien las cosas buenas. No ser chantas para hacer el bien.
Alguno podría pensar “da igual”, “cómo te vas a hacer problema por unos minutitos?”, “no seas exagerado”.
No, no da igual. Es respeto. Es delicadeza. Muestra cuanto valoras el Sacramento.
Comulgar no es cualquier cosa. Es lo más grande que podemos hacer en esta vida.
La liturgia hace rezar al sacerdote antes de recibir la Comunión en la Santa Misa una oración con un pedido singular: que esa Comunión “no sea para mí motivo de juicio y condenación”. Por algo lo pide, y el que lo pide es el sacerdote, y lo pide para sí mismo.

Si no comulgás un día por no llegar al ayuno mínimo requerido de una hora, no pasa nada. No es pecado, no es una falta de respeto, no es una falta de interés. No es obligación comulgar y, por lo mismo, no es falta no hacerlo. Si tenés tantas ganas de comulgar, ofrecé a Dios el no poder hacerlo; hacé una Comunión espiritual. Y cumplí con lo que está mandado para custodiar la dignidad de este sacramento.

Es absurdo cometer un pecado por comulgar sin las debidas disposiciones, sin ninguna necesidad de hacerlo

Dejame que lo repita: dejar de comulgar no es pecado. Desobedecer la ley eclesiástica sí lo es. Obedecer la ley de la Iglesia es meritorio. Cometer un pecado intentando hacer algo bueno es totalmente ridículo.


P. Eduardo Volpacchio
capellania@colegioelbuenayre.edu.ar
28.10.05

¡Viva el Papa!

Reflexión sobre el año 2005 que termina

En la Ultima Cena, después de tres años de convivencia, en un clima de despedida y de ternura, Jesús hace a sus discípulos una promesa conmovedora: "no os dejaré huérfanos" (Jn 14,18).
Palabras que encierran un misterio sobrenatural.
Huérfano es quien al no tener padres, carece de familia.
Así, con esas palabras, Jesús está prometiendo a los apóstoles una familia maravillosa.

Hasta ese momento, lo había sido todo para sus discípulos: un maestro, un padre, un hermano, un amigo. Ahora se va al Padre, pero no los deja solos.
Se queda “escondido” en la Eucaristía.
Además, nos envía desde el Padre al Espíritu Santo.
Ambos nos hacen hijos de Dios.
Y, al hacernos hijos, nos hacen miembros de la mejor de las familias, la familia de Dios.

Efectivamente cumplió. No nos deja huérfanos porque nos da una familia –la Iglesia– de la que Él es la cabeza y el Espíritu Santo, el alma. La familia de los hijos de Dios.

Y para que la familia esté completa en la tierra le da un padre: ¡el Papa! (que significa "papá"). Quién lo representa en la tierra. Su persona. Su cariño. Su autoridad.

Este año 2005 Dios nos ha hecho vivir una experiencia espiritual muy intensa de la realidad familiar de la Iglesia.

La agonía de Juan Pablo II.
Todos los hijos e hijas de la Iglesia, en todo el mundo, reunidos en torno a su Padre agonizante. Unidos en la oración. Unidos en el amor. Todos con la mirada y el corazón en Roma. Acompañándolo en su entrada en la casa del Padre. ¡Qué experiencia de unidad más enriquecedora! ¡Qué gracia imponente!

Y en los funerales de Juan Pablo II, al ver el amor del concelebrante principal, el pensamiento de muchos –de muchísimos– fue "aquí tenemos el nuevo Papa", "éste es el Papa". Y, de hecho, el Espíritu Santo en el Cónclave eligió, al que ya había puesto en el corazón de todos: Benedicto XVI.

Y a los pocos meses ¡la Primera Jornada Mundial de la Juventud de Benedicto XVI!
¡Cuántas expectativas!
En el colegio, estuvimos felizmente representados por las de 3° de Polimodal. ¡Qué viaje de egresadas! ¡Con un Papa alemán en Alemania! ¡Otra experiencia de unidad!
El Papa, mucho más que un líder, un personaje, un referente moral… ¡un padre!

2005. Dos Papas. Dos regalos de Dios. Tan padres. Tan distintos por fuera y tan iguales en su misión. Detrás de sus diferencias personales, vemos a Cristo, que una vez más –como siempre– ha cumplido: no nos ha dejado huérfanos.

Y con San Josemaría, también nosotros podemos decir: "Gracias, Dios mío, por el amor al Papa que has puesto en mi corazón" (Camino 537).

P. Eduardo M. Volpacchio
capellania@colegioelbuenayre.edu.ar

Artículo publicado en el Anuario del Colegio El Buen Ayre 2005